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    Mi  trayectoria

El sida mata. La discriminación social, también

 

 

Abriendo espacios. Por Oscar Rodolfo Núñez Flores, Trabajador Social, Rancagua, Chile.

Un sobre, un miserable papel cargado con respuestas de tinta, contenido ingrato,  consecuencias, decisiones y  hechos de la vida. Estremeció con potencia todo mi ser. Aturdido con los amargos pensamientos no tuve tiempo de reacción alguna. Desamparado quedé estancado, esperando el sobrio empujo matutino de aquel acompañante.

 

Soy un portador de Vih/Sida…

Mi mente y sus delirios, arrastrándome a huir, viajar, desaparecer, correr, llorar, abrazar, gritar, sufrir. Sensaciones entrecruzadas que pululaban una tras otras. Interrogantes por doquier, el génesis de un caos mental, soslayado por los sentimientos más oscuros ¿Qué debo hacer ahora? ¿Qué dirá la familia? ¿Por qué a mí? ¿Podre vivir con esto?

Soy un portador de Vih/Sida…

La noticia más  cruda que había recibido a mis 22 años. Entendí, precariamente que muchas cosas iban y debían cambiar. Mis ojos vieron más allá de una respuesta, un destino plagado de incertidumbre.  Debo reconocer, que el naufragio emocional perduró por un buen tiempo. Estaba perdido,  necesitaba orientación, conversar con alguien, ser escuchado, aceptado y consolado. Al pasar las semanas  comencé  a depurar la información recibida, tratando de encontrar el mejor camino, logrando  comprender, que no podía conllevar esto por sí solo. Es cierto, tuve miedo, cobardía, arrepentimiento, culpabilidad. Sin embargo, el ahogo fue mayor. Pero, desde el  fondo de mi corazón, se abrió paso un fuerte  respiro, encumbrando  el valor necesario, instándome a contarles a mis seres amados... mi verdad.

Soy un portador de Vih/Sida…

La figura anterior no es más que la representación  de  un instante que determina el antes y el después de la vida de una persona que descubre que es portadora de sida.

La intolerancia, la mitificación,  la discriminación y la realidad estigmatizada  de aquellas personas intrigan fuertemente en mi  capacidad de observador social. Aclaro el término “observador social”, principalmente porque reconozco que en más de alguna ocasión he sido testigo de diversos  actos que pulverizan brutalmente a este colectivo humano.  Los juicios que se emanan del imaginario colectivo se articulan neciamente como  mecanismos  nocivos y perjudiciales frente a la diferencia, al otro, a la otredad.  Uno de estos mecanismos y de mayor alcance a la hora de establecer “criterios o parámetros” perniciosos es la discriminación social. Su impune actuar transgrede las fronteras de lo público y de lo privado, de lo  religioso y lo mundano, de lo político y de lo económico, de lo cultural y lo tribal.  Es más bien una representación macro  de la resistencia de ensamblajes socio-culturales que repiten  el modelo de la  no-argumentación, modelo que  podríamos ejemplificar con el siguiente ejercicio.

Pregúntenles a sus padres, familiares,  amigos,  gente cercana u otros ¿Qué piensan respecto a las personas portadoras de Vih/Sida?

Posiblemente obtengan múltiples respuestas o múltiples silencios.  Pero no se asombren si escuchan decir: son todos homosexuales, prostitutas, gay, maricones,  travestis...

Es aquí donde  la descalificación vacía, sin argumento alguno, ni razón de ser,  da pie  a  la configuración del mito,  el cual obnubila las conciencias humanas, mitificando a martillazos escrupulosamente sobre quienes cargan la cruz del Vih/Sida.

Lamentablemente  la raíz de esta  respuesta se encarna en las pautas de sociedad que hemos ido construyendo en diversos periodos históricos.

¿Por qué los chilenos y las chilenas somos violentamente discriminadores y discriminadoras?

Para responder se hace necesario entender los orígenes de esta manifestación y constituir memoria histórica sobre la violencia de nuestro pueblo, desde los inicios de la conquista, y la lucha encarnizada entre conquistadores y el pueblo araucano por cientos de años. Tampoco debemos olvidar las guerras en las cuales nuestro pueblo ha sido partícipe, donde la violencia para con el enemigo ha sido insospechada y brutal, la violencia para con nuestros hijos e hijas y mujeres hoy día, donde esta práctica no sólo es socialmente aceptada, sino que muchas veces es valorada. Recordemos nuestro pasado reciente, plagado de torturas, desaparecimientos y exilios. También podemos analizar nuestro estatuto legislativo, donde encontraremos leyes que buscan fundamentalmente reprimir al otro u otra que es distinto; una cara más de nuestra enorme capacidad y práctica discriminatoria.

Es entonces, planteando un desafío ético y político a nuestra sociedad en su conjunto como país y en la mirada de construir una sociedad más solidaria y abierta a la diferencia, al respeto por el otro y la otra.  Lo dice Rodrigo Pascal, Coordinador Ejecutivo, VIVO POSITIVO, 2002.

Creo que es necesario romper con la burbuja de lo desconocido, superar el paradigma del mito y enfrentar fielmente la realidad. Aboquémonos a dignificar a este colectivo humano tan vulnerable, atrevámonos a denunciar sucesos de discriminación social, no hagamos caso omiso de los inclementes actos de los cuales cotidianamente son presas fáciles. Superemos los discursos conservadores de la religión y optemos por posturas flexibles que aporten al diálogo y la reflexión, eduquemos a nuestros hijos, entablemos diálogos familiares intensos, exijamos y busquemos respuestas.

Y por favor nunca olvidar, que cualquiera de nosotros, esta vulnerable a ser un portador de Vih/Sida.

Por Oscar Rodolfo Núñez Flores, Trabajador Social, mención Comunidad, Universidad de los Lagos.

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