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    Mi  trayectoria

En Las Cruces la cruz de Gabo

Mi amigo Gabriel Sanhueza muchas veces dijo que "pasar agosto no garantiza nada", incluso en una oportunidad  nos contó que unos amigos le habían dicho que a fines de agosto no había que cantar ninguna victoria  porque en septiembre también podría dejarse caer el chancacazo... Y así tal cual fue. El 28 de septiembre de 2013 partió de este mundo durante el post operatorio.

A modo de homenaje me he permitido extraer del formato impreso a formato digital  el relato "La cruz de Gabo" que escribí pensando en él y que forma parte de los cuentos cuánticos de la serie reunida en el libro "Las Cruces Parra Siempre. El pueblo del poeta que duerme en una cruz"; el libro que presenté el 5 de septiembre, en el marco de las actividades de celebración del centenario de Nicanor Parra en Las Cruces.

Gabo tiene una cruz en Las Cruces, y no es una cruz de madero, no es la cruz del cruxifijo, ni la del santo rosario. Su cruz es natural,  pues son las mismas olas quienes se encargan de dibujarla y darle forma cuando lo divisan mirando el mar como siempre lo hacía desde el balcón de su casa.

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La Cruz de Gabo

Entre buenos quesos, buen vino, buena lectura o una amena conversación con Sylvie,  su amada esposa, sus amigas y amigos, Gabriel Sanhueza, sigue  mirando al mar, desde el balcón de su casa celeste frente a la playa.

Su zapatero le había dicho que para pasar agosto tenía que ponerse unas ramitas de ruda en el bolsillo, o en la planta de los pies, dentro o fuera del calcetín.

Lo mismo la vecina que sale a pasear por la orilla del mar con su perrita que viste de marinera y don Tuco, su vendedor de pescado, quien le había advertido que el chancacazo puede llegar no solo en agosto sino también en septiembre.

Así fue. Se fue.

Payo Orellana, uno de sus amigos cree que, en la corte celestial, Gabo se ha alineado con los perseguidos y oprimidos para fundar el Movimiento  de los Ángeles Revolucionarios, MAR.

Y, Jorge Osorio, otro de sus amigos, un día,  de visita en Las Cruces, le pareció escuchar en una ola este diálogo:

-  Parra: “Gabo, te invito a tomar pipeño.”

-  Gabo: “Gracias, pero ya estoy acostado”.

Intrigado por esta invitación, por la noche, Gabo leyó un poema de Parra, pero como no le gustó lo mandó a la misma punta del cerro.

Parra al  enterarse de esto, enfurecido le tiró  todos los perros abandonados que en la playa persiguen a las gaviotas o a quien los miré a los ojos.

-   “Aquí te espero viejito.”, contó la ola que le respondió.

Myriam Carmen Pinto. Cuentos Cuánticos. Las Cruces Parra siempre. El pueblo del poeta que duerme en una Cruz. Editorial Las Cruces y Ediciones Una Temporada en Isla Negra. septiembre 2014.

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