En la dictadura no bastaba rezar ni ser cura obrero

Siguiendo su apuesta por el cielo, pero "bien puesto en la tierra porque aquí se hace el cielo", el padre, José Aldunate Lyon,  se volvió cura obrero para ser y vivir pobre entre los pobres, acompañar y socorrer a quien lo necesite.

Durante la dictadura militar, escenario de asesinatos,  torturas, miedos y hambre,  arriesgando su propia vida, ayudó a muchos a trepar por los muros de las embajadas para lograr asilo, dirigió una revista clandestina y organizó el movimiento "Sebastian Acevedo" para denunciar que en Chile se torturaba a los presos políticos.

Hasta un poco antes de que decidiera convertirse en cura obrero y un comprometido defensor de los derechos humanos, el padre José Aldunate, navegaba por las profundas aguas de los mares que lo conducían directo a las altas esferas eclesiásticas, y sus purpurados. Poría haber sido uno de sus príncipes obispos y cardenales.

Tenía todos los ingredientes, cumplía los requisitos y exigencias, pero él, buscando caminar siempre por una buena senda, aspiraba un apostolado que le permitiera decir y hacer, llevar a la praxis su opción por los pobres, de cómo conseguir que la fe no sea alienante sino liberadora, de cómo ser cristiano en un continente oprimido y de cómo ser una iglesia servidora de vida.

Procede de una familia vasca muy cristiana, conservadora, y del mundo de los empresas. Su madre que venía de una familia tradicional inglesa lo crió con institutrices traídas directamente de Inglaterra y a la hora de ingresar al colegio lo llevó a Londres para que accediera a lo que consideraba donde había una mejor educación. Al terminar sus estudios regresó a Chile, y tras ordenarse  sacerdote jesuita viaja nuevamente a Europa, obteniendo en Italia y en Bélgica un doctorado en Teología Moral; la especialización que más tarde imparte como una cátedra en la Universidad Católica de Chile.

Vientos de cambios

Era por ahí, a mediados de los años 60, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II, en Chile las misas comienzan a celebrarse en español, se abría una parroquia universitaria, se potenciaba el movimiento obrero de Acción Católica, y los pastores se disponían a evangelizar no solo en las iglesias sino que metidos entre la gente. Reconociendo a la fe como una herramienta de promoción popular y liberación, las comunidades de base avanzan hacia la promoción popular y en el espacio político las ideas y propuestas que vinculan Cristianismo y Socialismo convergen en dos nuevos partidos: Izquierda Cristiana (IC) y Movimiento de Acción Popular Unitario, (MAPU).

Diez años después, en 1973, en lo que era su propia revolución dentro de la revolución socialista imperante, el padre Aldunate se volvía cura obrero. Lo mismo hacían los padres Rafael Maroto, Mariano Puga, José Correa, y Santiago Fuster. Rompiendo no solo con sus historias de vida burguesas sino también con sus ejercicios y autoridades ministeriales de sus respectivas congregaciones, todos ellos, se fueron a vivir en distintas poblaciones populares, donde inicialmente nadie les creía lo que eran.

Vivían en modestas casas de madera, se preparaban ellos mismos las legumbres que cenaban tres veces a la semana y por las mañanas partían a primera hora a trabajar a las faenas de la construcción. Por ello no pedían dinero a sus congregaciones. Tampoco a sus superiores, y menos aún a sus fieles.

El padre Aldunate había trabajado junto al padre santo Alberto Hurtado, a quien a su muerte sucede en la dirección de la revista "Mensaje". También había sido Provincial de la compañía jesuita, además de coordinador del Centro Bellarmino, y secretario del presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas, Conferre; una asociación erigida por la Santa Sede y miembro de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR).

Esta que era su trayectoria la deja totalmente de lado para convertirse en un ayudante de carpintero, aunque no dejó de lado las clases que impartía en la universidad. El padre jesuita, Ignacio Vergara Tagle, (el maestro Ignacio), había cambiado también su sotana por un overol, volviéndose un  gasfiter y especialista en fierro forjado. En esa condición estaba vinculado al grupo, pero funcionaba de manera más independiente.

Los curas obreros siguen viviendo como tales y hoy por hoy son muchos más.

No podemos callar lo que hemos visto y oído

A fuego y sangre derramada, el golpe militar y la instalación de un régimen dictatorial remece a todas las iglesias. Cinco sacerdotes mueren  asesinados y torturados, encarcelan alrededor de 50, expulsan del país a los sacerdotes y religiosas extranjeros, allanan  parroquias, incendian  capillas, viviendo continuamente hostigados.

En las poblaciones, metidos donde las papas queman, los curas obreros ayudaban a conseguir salvoconductos, y pasaportes al exilio a todos aquellos que eran requeridos y sus vidas corrían peligro. Y cuando habían casos de mayor urgencia, organizaban operativos para que pudieran ingresar a las embajadas, saltando incluso las murallas si ello era necesario. También los escondían en las capillas y monasterios.

Un ejemplo en 1975. Los padres, José Aldunate y Roberto Boltón, arriesgando ambos su vida, y exponiéndose a ser expulsados de la curia,  ingresaron a un grupo de 22 personas a la Nunciatura Apostólica. Treparon las murallas y una vez al interior de la sede diplomática, solicitaron refugio o protección para salir de país. Sin dejarlos solos en ningún momento, los dos curas los acompañaron hasta subir las escaleras del avión que los lleva a Buenos Aires, donde logran asilo en embajadas de países europeos.

La iglesia liderada por el cardenal, Raúl Silva Henríquez, asume conjuntamente con las iglesias luterana, y metodista, la defensa legal y social de los caídos, perseguidos y sus familiares. Fueran del mundo religioso, político o social todos tenían cabida. Habían creado el Comité Pro Paz que luego se transforma en la Vicaría de la Solidaridad, abriendo una red social solidaria y un testimonio de iglesia que respondía a una nueva realidad.

Sobre la marcha, los curas obreros se articularon en el grupo Equipo Misionero Obrero, EMO, que daba cabida a sacerdotes, religiosas y posteriormente ingresan laicos. Saltando las posturas oficiales de la iglesia, fueron mucho más allá en lo que se refiere a su compromiso por la defensa de los derechos humanos. Junto a los familiares de detenidos desaparecidos participaban en huelgas de hambre y ayunos, protestas callejeras, además de impartirles apoyos orientados a sostener una suerte de resistencia moral. Talleres de dolor, le llamaban.

También presidían actos solidarios y vías crucis populares, y entre uno y otro asesinato, como pan de cada día, encabezaban las romerías y peregrinaciones a los cementerios, donde presidían responsos fúnebres que denunciaban la verdad silenciada por los medios de comunicación.

Al igual que el rol que juega el cardenal Raúl Silva Henriquez y los obispos más progresistas, se habían convertido en la voz de los sin voz. Junto con dar a conocer la cara que el régimen ocultaba promovían una nueva manera de pensar a Dios. No era aquel castigador, ni sufriente sino que un Dios de la vida, un Dios amoroso y respetuoso del otro, un Dios que traía una buena nueva llena de luz y esperanzas.

Nacía en Chile una nueva iglesia capaz de dar respuesta a como ellos decían "los signos de los tiempos". Aquí participaba la base cristiana de la mano con la izquierda de base no creyente, dando inicio a un movimiento solidario expresado en las ollas comunes, comedores familiares, talleres laborales, comités de salud, bolsas de cesantes, los comprando juntos... un sin fin de organizaciones que buscan soluciones a sus problemas concretos.

Venciendo muros sagrados por la vida

En 1975, el grupo EMO, funda la revista clandestina “No podemos callar”,  rebautizada, más adelante, “Policarpo”, el obispo del siglo II, perseguido y mártir, despedazado por fieras del circo romano.

El padre José Aldunate asume la dirección. La imprimían por las noches en los mimeógrafos de un convento, circulaba de mano en mano y la sacaban también de manera clandestina fuera de Chile.  En sus páginas daban a conocer estadísticas de la represión, casos, y reflexiones orientadas a fortalecer la resistencia cristiana y ética. En uno de sus primeros números informaron la matanza de una familia completa de la comuna de Maipú, primeramente secuestrada y mas tarde asesinada. Se trata de cinco integrantes de la familia Gallardo, dos de ellos agentes pastorales que participaban en el grupo EMO: Catalina Gallardo y su marido, Juan Rolando Rodríguez, ambos torturados a morir, al igual que al padre y un hermano de ella.

La prensa oficialista informó se trataba de un enfrentamiento en el fundo Rinconada de Maipú, mostrando una puesta en escena que encubría el asesinato múltiple. Ocurrió en noviembre de 1975.

Siguiendo su tarea de denuncia, y tras constatar las prácticas de torturas en las comisarias donde se disponía de equipamiento especializado, en 1983, el grupo EMO, decide organizar el movimiento "Sebastián Acevedo", quienes siguiendo los postulados de la no violencia activa, tomados de la mano, rezando y cantando, denunciaban que en Chile se torturaba a los presos políticos.

En esta instancia participaban laicos, sacerdotes y monjas de hábitos. Por entonces si bien se había abierto un clima de protestas y demandas, lo cierto era que nadie hablaba de la tortura, ni mos mismos torturados y menos todavía, los torturadores propiamente tal.

En siete años de actividad realizan 180 protestas, que vencen palos y golpes y gases que les arrojaban a la cara para intentar disolverlos en plena acción callejera. Resistían rezando arrodillados mientras la gente que los observaba los aplaudía, incluso sumándose a ellos.

Cuando se llevaban preso a uno de ellos, todos se subían al carro policial, y los que no alcanzaban, o no los dejaban, partían a los recintos policiales. Al constatar que una buena parte de ellos eran monjas y sacerdotes, los uniformados no sabían qué hacer.

Sebastián Acevedo, fue un obrero del carbón que se inmoló frente a la catedral de Concepción. Estaba desesperado porque no tenía información del paradero de dos de sus hijos detenidos en una cárcel secreta.

En 1995 poco antes de cerrarse, "Policarpo", planteaba la urgencia de la verdad y la justicia para una verdadera reconciliación nacional.

Estatua viviente de aquellos años

Chile 2012. A sus 95 años, el padre José Aldunate,  ya no vive en mediaguas de madera, ni trabaja como obrero, ni participa en huelgas de hambre y ayunos, pero sigue activo y vital. Reside en un convento jesuita, donde el teléfono no para de recibir llamados de amigos y personas que lo buscan. Quieren escuchar un sabio consejo, solicitarle prologar un libro, invitarlo a un acto de homenaje recordatorio o bien a una inauguración de algún memorial. También lo buscan los estudiantes tesistas de Historia o aquellos interesados en registros de la memoria.

Hay quienes llegan desde el extranjero directamente a verlo para agradecer su apoyo que les permitió salir al exilio, sus sabias palabras y alientos que les permitieron recuperar la confianza, las esperanzas y sobre todo vencer los miedos para seguir adelante con sus vidas. Muchos vienen con sus hijos, los hijos de una misma historia; a todos a quienes brindó refugio, escondió en una casa de amigos o en un convento, consiguió pasajes, y en definitiva les salvó la vida.

Los recibe y acoge con su espontánea sencillez y humildad. Es la misma actitud cuando lo aplauden en los actos, otorgan reconocimientos y premios que relevan su valiente accionar, su vida totalmente consagrada a los perseguidos, caídos, a los pobres entre los pobres.

Sus ojos ya no ven como antes, pero se las arregla para seguir escribiendo en una antigua máquina de teclas y carros donde pone una hoja en blanco. Estos escritos son después revisados y editados por quienes le ayudan en su entorno y están de manera permanente cerca de él. Ha escrito libros,  artículos de opinión y trabajos de análisis teológico que publica la revista  “Reflexión y Liberación”, algunos medios de comunicación, e importantes medios internacionales.

Aunque sus ojos ya no ven, su cuerpo conserva la misma energía. Y es que es un pedazo vivo de la historia, una estatua viviente de aquellos oscuros años, un testimonio vivo desde la vida y por la vida. Cuando joven, no quiso seguir el camino de los negocios trazado por su padre, quería hacer el bien al prójimo, andar libre y mantenerse lejos de los círculos económicos y de poder; caminar sin nada a cuestas hasta encontrar por fin un buen camino, una de sus grandes preocupaciones desde muy joven y, según sus propias palabras, "una apuesta por el cielo, pero bien puesta en la tierra, porque aquí se hace el cielo". Así es, así fue.

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros (serie). Historias humanas de humanos demasiados humanos.

Santiago, Chile - julio- agosto 2012.

Nota de la edición: Entre 1973 y 1985, los padres, José Aldunate y Mariano Puga, fundadores del movimiento, fueron detenidos en más de cinco ocasiones. En 1988, el padre Aldunate recibe el premio Nobel Alternativo de La Paz y en 2009, el padre Mariano Puga, que reside en Chiloé,el premio Héroe de la Paz. El padre Aldunate también es socio fundador de la Corporación Parque por La Paz Villa Grimaldi, que fuera un centro de secuestro, tortura y desaparición de prisioneros políticos durante los primeros años del régimen militar.

Fotografias: (1) retrato blanco y negro. Fernando La Voz; (2) foto color Marcelo Agost (Recuperación del centro de tortura Villa Grimaldi hoy Museo Parque por la Paz); fotos manifestaciones archivos institucionales de la Fundación Archivos de la Vicaría de la Solidaridad, organizaciones de promoción y defensa de derechos humanos y archivos Fortín Mapocho.

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