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    Mi  trayectoria

Aristóteles España. El niño poeta de Dawson

La poesía fue su novia y las palabras sus compañeras, ambas dos, moldeando toda su vida, sus días, cada día como si fuese un año entero. En Dawson, al otro lado de la alambrada, donde "crecen semillas en las jaulas”,  escucha hasta "el temblor bullicioso de sus venas",  "aullidos que no eran de perros", preguntándose entonces, si Dios estaba informado de lo que ocurría en Chile, y si Naciones Unidas tenía algo que decir. Myriam Carmen Pinto, Zurdos no diestros (serie).

Aristóteles España murió a los 57 años, a fines de julio de 2011.  Conocí su trayectoria literaria y política,  y - aunque no lo veía desde hace mucho tiempo - sabía de él, sabía que residía en Valparaíso, que había trabajado en el Consejo Nacional de la Cultura,  que seguía escribiendo y publicando, además de impartir talleres literarios en distintas ciudades a lo largo de todo Chile, y que estaba enfermo.

A su muerte, cuando lo supe, tres meses después, quise conocer más detalladamente que había ocurrido. Primeramente busqué información en los diarios. Decían había partido tras padecer una larga enfermedad, pero sus amigos comentaban que en realidad nunca  logró reponerse a sus días preso en la Isla Dawson; prisionero apenas cuando tenía 17 años, preso el mismo día del golpe militar, el 11 de septiembre de 1973, cuando aún no se dimensionaba la magnitud de lo que venía; una marca que no lo deja a la deriva, pero que lo persigue cada día de sus días, toda su vida.

Solo su poesía le permitía huir de los fantasmas de aquellos días de su vida, atraer sus palabras perdidas y liberar sus emociones encerradas dentro de sí.

Su poesía de sus días preso... "con frecuencia miraba hacia lo alto como buscando algo", sucediéndose en un día como si hubiese vivido todo un año. En una oportunidad que lo entrevisté, a propósito de sus libros, me dijo que en sus días de cárcel, sus días partían con un amanecer nevado, a media mañana un cielo azul, al mediodía una primavera brillante, por las tardes la brisa otoñal, y durante la noche,  un oscuro y lluvioso invierno. Todo un año en un día.

Lo conocí en los años ochenteros, más precisamente en 1983-1984, a propósito de una serie de entrevistas periodísticas que le hice cuando  trabajaba colaborando en revistas opositoras a la dictadura militar, y en boletines de organizaciones populares de base. Recuerdo que siempre andaba con un libro bajo el brazo. Leía... leía.

Le decían Tote.

Presidía un colectivo de Escritores Jóvenes, quienes entre los años 1973 y 1990, se reconocían  parte de una generación que llamaban NN, la generación de los anónimos, los nadie. Y es que no solo estaban marginados de la actividad política, vida pública, y medios de comunicación masivos, sino también del mundo académico, becas, y empleos al interior de las reparticiones públicas. Muchos de ellos venían saliendo de campamentos de prisioneros, cárceles, relegaciones, o venían llegando del exilio.

Al Tote lo entrevisté con ocasión de lanzamientos y lecturas poéticas y por el encuentro nacional de escritores y poetas que reunió a delegaciones que venían de diversas ciudades de norte a sur, de todos los rincones. La convocatoria y agenda programática no solo incluía temas literarios sino también compromisos por el retorno a la democracia.

Para que nunca más en Chile

Cuando supe su temprana partida, fui a las estanterías de mi biblioteca. Buscaba los libros que me había regalado: "Generación de los NN" (Antología 1982), "Dawson" (1985) y "Contra la corriente" (1991); todos con dedicatorias escritas de su puño y letra en las que me reconocía como amiga.  Quería reencontrarme con su poesía,  aquel pasado común, un pasado tan reciente y lejano a la vez. Chile ha cambiado tanto, todos nosotros, también.

Metida en mi biblioteca, luego de hurguetear un buen rato, no di con ninguno de sus libros,  pero sí,  me tope con el libro "Nunca más Chile"; mi primer libro publicado, que no veía desde hace unos 25 años, quizás un poco más; un libro enmarcado en una campaña de promoción y denuncia de violaciones de derechos humanos que  escribí en 1984, y que publicó la editorial Terranova en dos ediciones; una primera censurada (1984), y la segunda (1985) sobreviviente a dos allanamientos y un incendio que destruyó completamente las  maquinarias e instalaciones de dicha editorial, además de miles y miles de libros y nuevas publicaciones. Nunca se supo de los autores, quedando sumamente claro fue uno de los tantos casos insertos en la censura y cercenamiento de la libertad de expresión.

Buscando sus libros fui a dar con uno mío, tal vez fue porque había estado pensando reeditarlo, al igual que el epistolario, "Amor Subversivo", mi segundo libro publicado a fines de 1987 al cuidado de la editorial Emisión, ( la misma que editaba revista "Análisis").  Este rencuentro con "Nunca más Chile" resulta muy significativo. Ello porque la historia de Aristóteles España está relatada en  sus páginas, constituyendo algo así como un pedazo de su historia que escribí, luego de una serie de sesiones de entrevistas periodísticas que nos reunió, participando, así como el resto de los entrevistados,  en el acto de lanzamiento que tuvo lugar en la sede de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, según recuerdo en 1985.

En dicho acto,  todos los allí presentes estábamos sentados en sillas ordenadas en semi círculo, cubriendo completamente el salón. Esta posición escénica nos permitía mirarnos frente a frente, cara a cara; todos juntos dando vida a un pequeño libro que denunciaba tremendas atrocidades que entonces sucedían en Chile.  Uno a uno fui presentando a cada entrevistado y luego le daba la palabra para que fueran ellos mismos quienes expusieran sus testimonios. Luego respondían preguntas que les formulaban los asistentes;  algunas de ellas, por ejemplo, de cómo lograban superar sus traumas de la experiencia vivida, y de cómo poner fin a la dictadura militar que por esos años parecía invencible. Nuestros ojos estaban llenos de lagrimas.

A su turno de presentación, Aristóteles España, no hablo sobre su experiencia en Dawson, prefirió recitar sus poemas, los poemas que había publicado recientemente en su libro “Dawson”; una de sus obras más importantes, sumando nueve ediciones, todas agotadas. Esta publicación le significó adjudicarse, ese mismo año, el premio Rubén Darío, otorgado por el Ministerio de Cultura de Nicaragua.

Ahora que lo recuerdo, su voz era suave, casi temblorosa cuando hablaba de sí mismo. Reinaba el silencio cuando decía que había "bajado de una barcaza con las manos en alto a una playa triste y desconocida", que "la primavera le había cerrado sus puertas",  que había conocido "los metales del desprecio",  que "amó entre barrotes rodeado de secretos y amenazas", y que cuando “la arena era un clavo que hiere”, “las lagrimas limpiaban sus cuerpos”, y los “hombres entraban y salían de sí mismos”.

De Tote a Faro 13

Para concretar el proyecto de incluir su historia en el libro "Nunca más Chile", nos juntamos varias veces en los salones de la Sociedad de Escritores de Chile, Sech, aquella antigua y refinada casona amoblada de fina madera, vitrales y grandes ventanales. Por todo esto ha sido declarada monumento histórico.

Era por ahí por 1983. En una de las salas, durante estas sesiones de entrevistas, a veces, más bien dicho, continuamente, él se levantaba de su silla, caminando hacia una de las ventanas, donde detenía  su mirada, embarcándose hacia un horizonte infinito; un horizonte que a mis ojos no eran más que muros y contramuros de viejas casonas y edificios capitalinos; una ciudad amurallada y cercada ante mí. Me parecía que a medida que relataba su historia quería huir, irse por aquella ventana, arrancar de sus recuerdos imborrables, pero, según creo, requería oxígeno para seguir.

En silencio, al cabo de unos minutos, regresaba nuevamente a la silla, a la misma  que había elegido en aquella sala de la casona de los escritores. Cuando él volvía a su puesto, y estaba de nuevo ante mí, me parecía ver ahora sus ojos empequeñecidos y enrojecidos como si estuviesen llenos de sangre. Mucho tiempo después, leyendo sus poemarios, me enteré que nunca pudo llorar, y que cuando lo hizo, siendo ya un hombre grande, sus analistas le dijeron que empezaba a ponerse bien. Decía que se había transformado en "un cebollín o una cebolla", que había que desojar, sacar las armaduras porque las bibliotecas como él, no pensaban.

En estas sesiones de entrevistas, estando frente a él, y a su historia, preguntando y escuchando no lograba frenar mi asombro. Una sensación de fragilidad me embargaba, y me parecía que hasta la luz del día me abandonaba Todo junto. No podía retener mis lagrimas que caían de mis ojos, una tras otra, todas seguidas, y a la vez, humedeciendo mi cuaderno de notas hasta entintar completamente mis apuntes.

El venía llegando de Buenos Aires. Había salido de Punta Arenas, donde residía debido a los hostigamientos que sufrió a su paso por Dawson,  y  las detenciones posteriores en un par de bases navales.  Después de Dawson, al recuperar su libertad, al volver a su liceo, no lo admitieron, y después de muchas gestiones que hizo directamente y personalmente el obispo, monseñor Tomás González, aceptaron su matrícula, no obstante, le impedían salir a recreo.

Había sido detenido por efectivos de la Fuerza Aérea, el mismo 11 de septiembre de 1973,  un poco antes de 11 de la mañana. Tenía 17 años, cursaba la enseñanza media, presidía la Federación de Estudiantes Secundarios de Magallanes, y era dirigente regional de las Juventudes Socialistas. En verano participaba en las jornadas de trabajos voluntarios, y durante el año, después de las clases, ayudaba a su madre viuda en sus quehaceres. Junto a su hermano procedían de Chiloé.

“Faro 13” se llama su testimonio publicado en  "Nunca más Chile". Así lo nombraron sus centinelas, argumentando que ya no era quien era sino que solo un número. A otros llamaron Isla, Eco, Ala,  Remo, Alfa... cada uno seguido de un número, según se agrupaban en los barracones.

Sus compañeros de prisión fueron dirigentes políticos, sociales y juveniles de la zona de Magallanes y la plana mayor del gobierno de la Unidad Popular, dirigentes de partidos políticos, rectores de universidades y académicos, entre ellos, José Tohá, Orlando Letelier, José Cademartori, Luis Corbalán, Benjamín Teplisky, Pedro Vuscovic, Enrique Kirberg, Clodomiro Almeyda, Tito Palestro, Osvaldo Puccio, Carlos Jorquera. Pido perdón a los que aquí no menciono. Ellos le decían "Españita".

Poesía prisionera y libertaria

Los poemas publicados en su libro "Dawson" fueron escritos en sus días de prisión, entre el 11 de septiembre de 1973 y septiembre de 1974. Lo hizo, siguiendo los consejos que le diera un profesor y un dirigente sindical. Fueron ellos quienes le recomendaron registrar la experiencia como si fuera una suerte de diario de vida.

Pensaban, le permitiría iluminar dicha oscuridad, y acercarse a la libertad.  Había leído "las vocales" de muchos escritores e .importantes obras literarias nacidas tras los barrotes carcelarios. Y ello lo motivo. Sus poemas entonces ya vivían "en sus venas" y "sus arterias"", "en su corazón", en todo "su cuerpo", en todo él. Nada era si no escribía, aunque tuviera que hacerlo "en el miedo" y "quedar tiritando".

Su poesía fue parte de la resistencia. En Dawson, escribía bajo la oscuridad de la noche. Una vez que conseguía lápiz y papeles. En pequeños pedacitos de papel escribía sus poemas, escondiéndolos para luego sacarlos del campamento de prisioneros, gracias a la valentía y buena voluntad de unos jóvenes soldados que hacían su servicio militar. Uno de ellos era un ex compañero de curso, y  los otros, vecinos de barrio.

Ocultos dentro de botas y ropajes militares, los poemas cruzaron mares y ríos hasta llegar al amparo de su madre,  a quien le recomendaron no decir nada a nadie. A modo de seguridad, unas copias de los textos  fueron resguardados por un sacerdote, quien los hace viajar nuevamente esta vez al encuentro de su padre autor, radicado en Argentina.

Eran poemas prisioneros, poemas que denunciaban lo que nunca habíamos pensado sucedería alguna vez en nuestro país, lo inimaginable de lo imaginable.

Estando en Dawson, Aristóteles, también escribió  sus  versos en las murallas de los barracones. Los firmaba con una letra A, y solo sus compañeros de prisión, y el par de soldados amigos sabían era él. Poco antes de abandonar el recinto se despidió, escribiendo sus iniciales en una pared. Representando por un joven actor, esta parte de su historia, está reflejada en la película "Dawson Isla 10", de Miguel Littin.

Gonzalo Rojas,  dijo que los poemas de Dawson fueron escritos con alquitrán, un gran libro de un "joven intacto y entero, ”un testigo que "leyó el infierno en lo más hondo, y lo dijo como ninguno”;  un libro convertido en “un documento que en nada le resta prodigio a la invención, aunque aquí la invención es historia real y verdadera", un libro escrito en las propias llamas en la que arden y se queman los poetas.

Alfonso Calderón, lo describió como un "cronista del horror", que era de aquella promoción formada en los días largos de la dictadura militar, de aquellos que sienten que le han escamoteado su vida, y que en su hoja de antecedentes destacaba que su signo no era callar, menos aún la complicidad.

En plena dictadura, Aristóteles España, recitó y publicó sus poemas sin miedo alguno.  Por esos años, la más mínima expresión de rechazo al régimen militar podría significar cárcel e incluso la muerte. Ahora que lo pienso, el momento del lanzamiento de mi libro selló para siempre nuestra amistad.

Publicó quince libros de poemas, su obra poética está mencionada en varias antologías nacionales e internacionales, editó las revistas "La Gota Pura", "La pata de liebre", entre otras. Su poesía ha sido premiada tanto en Chile como en el extranjero. En 1983, la Municipalidad de Santiago, le otorgó el premio "Gabriela Mistral", y en 1998,  el  Ministerio de Educación y la Sociedad de Escritores de Chile lo distingue con el premio "Alerce". También obtuvo reconocimientos por parte de la Municipalidad de Vicuña, San Felipe, y Chañaral.

A su muerte, en Valparaíso, donde residía, sus amigos y familiares, dieron vida a la fundación "Poeta Aristóteles España", proponiéndose difundir su legado, promover ferias literarias, e impulsar eventos artísticos culturales . Sus amigos dicen que está en el cielo de los poetas, y que mantendrán viva su poesía.

Buscando nuevamente en las estanterías de mi biblioteca, esta vez, unos documentos de  estudios socio-ambientales,  esta vez, encontré dos de los tres libros que Aristóteles España me regaló: "Dawson" y "Contra la Corriente", este último, una edición publicada en Buenos Aires.  Así como quería leer su poesía, luego de enterarme de su muerte, leí su poesía detenidamente. Horas más tarde decidí sumarme a los homenajes póstumos, concluyendo que fue uno de aquellos que ya no creían en el "viejo cuento del lobo", y que ahora vueltas las cosas a su lugar, sus palabras quedaron inconclusas. Así y todo, lo que sí - seguro es - su poesía seguirá "golpeando el futuro con un puño". Su poesía lo mantuvo vivo, su poesía lo vive y revivirá.

Myriam Carmen Pinto.  Zurdos no diestros (serie). Historias humanas de humanos demasiados humanos en un Chile no humano. GritoGRAFIAS. Santiago - Chile (diciembre 2013)

Nota de la edición: (1) Adaptación entrevista Aristóteles España publicada en "Nunca más Chile", de Myriam Carmen Pinto, editorial Terranova 1984 - 1985. Santiago, Chile (2) Las notas puestas en cursiva y entrecomillas fueron tomadas de los libros de poemas "Dawson", Editorial Bruguera y "Contra la Corriente", Ediciones El Cuervo, Buenos Aires, Argentina, 1989, (3) A Facultad poética del mundo interior de Aristóteles España (4) En la fotografía blanco y negro Aristóteles es el joven con un gorro de lana, al lado derecho, fotografía tomada de Dawson 2000, y portadas de libros.

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