Clodomiro y Manuel Almeyda. La sombra de dos árboles

 

Clodomiro Almeyda, refiriéndose al Movimiento Democrático Popular, MDP, dijo que “rompió el silencio de las tumbas con que la dictadura militar quiso enmudecer al pueblo”.  En los años ochenteros, en  plena dictadura militar,  este referente político y social convocaba a la  movilización social rupturista y callejera, reinsertando en la escena pública a los partidos políticos de la izquierda histórica, entonces disueltos y prohibidos. El doctor Manuel Almeyda, quien fuera su presidente, señalaba: eran los hijos de las banderas de la Unidad Popular, los herederos de la revolución que protagonizara el gobierno del presidente Salvador Allende.

________________

Lo que fue la  resistencia y lucha desplegada por el fin de la dictadura militar, en lo que fue la primera línea de lucha por parte de las fuerzas de la oposición, los hermanos Clodomiro (1923–1997) y Manuel Almeyda Medina (1924–2014), ambos militantes y dirigentes del Partido Socialista de Chile,  jugaron un rol histórico dentro y fuera de Chile, contribuyendo desde distintos espacios de acción política al proceso de descongelamiento y rearticulación pública de los partidos políticos de la izquierda tradicional marxista, la reconstrucción de los movimientos sociales de pobladores, estudiantes y trabajadores, la unidad de las amplias mayorías, y la promoción y defensa de los derechos humanos. Ya sea en las calles, barricadas populares, desarrollo teórico y estratégico, mesas de consensos, tribunales de Justicia; una razón para "vivir y morir", lo dieron todo por el derecho a vivir en la patria sin excepciones, ni condicionamientos, el derecho a pensar libremente y "no ser muertos políticamente por un régimen autocrático, totalitario y terrorista", como dijera Clodomiro Almeyda; por recuperar la democracia, y devolverle al pueblo su plena soberanía y su derecho a decidir su propio destino.

Durante el gobierno de la Unidad Popular, Clodomiro Almeyda Medina, fue Ministro de Relaciones Exteriores y vice-presidente de la República, uno de los pilares del presidente Salvador Allende, y  un actor principal de los acontecimientos que se sucedían en la vida nacional y al interior del partido Socialista de Chile. Había sido Diputado,  ministro de varias carteras durante el gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo, y en su condición de abogado, sociólogo y licenciado en filosofía forma parte de los equipos de académicos de diferentes facultades de la Universidad de Chile, además de Director de la Escuela de Sociología.

El 11 de septiembre de 1973, detenido en el palacio de La Moneda, llevado a un recinto militar, y luego trasladado al campamento de prisioneros políticos de la Isla Dawson, lo expulsan de Chile en 1975, año en que viaja al exilio con destino a Berlín de la República Democrática Alemana, RDA. En 1979, tras la división del partido Socialista lidera al sector que acuña el apellido Almeyda, (PS - Almeyda), cuyas dirigencias se reconocían como "Los Berlineses", y a nivel internacional considerados el PS oficial.

Tras el quiebre democrático, su hermano, el doctor Manuel Almeyda, médico cirujano, exonerado de sus funciones en el hospital José Joaquín Aguirre, (actual Hospital Clínico de la Universidad de Chile), respondiendo a las urgencias, a partir del mismo 11 de septiembre de 1973, se integra  a las redes solidarias que se crearon para apoyar y asistir a quienes eran perseguidos y víctimas de la represión. Fue parte de los equipos de salud del Comité Pro Paz,  Vicaría de la Solidaridad, y posteriormente del Comité de Defensa del Pueblo, Codepu,  que funda en 1980, junto a un grupo de abogados y sacerdotes activos promotores y defensores de los derechos humanos. Gran gran parte de su carrera profesional la había destinado al ejercicio de la salud pública.

A las pocas semanas del golpe militar, 4 dirigentes integrantes del Comité Central, y 7 secretarios regionales del Partido Socialista, habían sido asesinados. Otros 12 miembros de su Comité Central estaban prisioneros. También los dirigentes de cuadros medios. Mientras unos eran prisioneros, otros se asilaban en las embajadas, viajaban al exilio, o pasaban a la clandestinidad.

En las calles  "Yo te nombro libertad".

Años ochenteros. 1982 -1984. Por entonces se sucedían día a día intensas jornadas de protestas y paros; la expresión del descontento social y rechazo popular al sistema político y económico imperante. Esta ebullición social y política de la contingencia sitúa al doctor Manuel Almeyda en el histórico rol de asumir la presidencia del Movimiento Democrático Popular, MDP, que emergió a la luz pública en este período, reuniendo a los partidos Comunista, Socialista (Almeydista), Mapu Obrero y Campesino y al Movimiento Revolucionario, MIR.

Pese a que estaban declarados disueltos e ilegales, en plena dictadura militar, los dirigentes e integrantes del MDP, salían a las calles a protestar a viva voz, a lanzar panfletos,  y a llamar a la organización, desobediencia civil y rebelión popular. "Bienvenido al territorio libre", se leía en algunos lienzos y pancartas que levantaban al llegar a una población, a una sede universitaria, o tan solo a un punto de encuentro en alguna esquina callejera del centro de la ciudad. Parecía que tan solo su presencia del referente significaba simbólicamente una ocupación de tipo libertaria. Y es que por esos años, la conquista del más mínimo espacio público era considerada un gran triunfo.

Hasta ahora, el doctor Almeyda, que no había tenido ninguna figuración política pública de alta relevancia,  era conocido en las esferas partidarias más bien como el hermano de Clodomiro Almeyda, "Don Cloro", como le decían sus compañeros de partido. De hecho, en una oportunidad, había dicho que conoció al presidente Salvador Allende solo tres días antes del bombardeo al palacio de La Moneda.

Quienes lo recuerdan señalan que cuando llegaba a las acciones que tenían programadas tan solo su presencia era la señal del inicio de un mitin relámpago, el momento decisivo para desplegar al aire lienzos, banderas y panfletos. Una vez finalizada la actividad, en torno a él, se conformaba de inmediato una columna que lo rodeaba por completo, a modo de custodiarlo y protegerlo de la brutal represión desatada por la dictadura como su mecanismo de control social.

Pero esto no era todo. Por las noches, durante las protestas y paros, portando su maletín de médico, en las poblaciones más combativas, atendía a los heridos de bala y apaleos, derivándolos a los equipos de salud, una red que integraban diversos especialistas que participaban en programas de salud alternativa.

En el marco de los esfuerzos destinados a dar curso a los acercamientos políticos de las fuerzas de la oposición con objetivos de ampliar una plataforma democrática y unitaria que lograra conformar un Acuerdo Democrático Nacional, el doctor Almeyda,  generaba los espacios que lograran integrar a los referentes MDP, Alianza Democrática, y Bloque Socialista por los Cambios, este último agrupaba a la izquierda renovada.

Su liderazgo de tipo colectivo, movilizado en la calle, barricadas, y las organizaciones, y fuera donde fuera, además de su quehacer de servicio en materias de promoción y defensa de los derechos humanos, lo visibilizan en la escena pública como un dirigente que atraía y convocaba a los dispersos o desvinculados de su aparato orgánico, a los que no tenían ninguna pertenencia ni adhesión política, a los jóvenes, las nuevas generaciones. Quizás era porque su discurso no tenía énfasis ideologizado sino de corte humanista, pedagógico; un "compañero del interior", como decían los del exterior; un líder de un colectivo político que logra traspasar las fronteras del mundo social y el movimiento por la verdad y la justicia.

Durante las asambleas, actos y jornadas,  cuando él intervenía, junto a los dirigentes del más amplio espectro de la oposición,  resultaba el más aplaudido. Lo ovacionaban una y otra vez, casi de manera interminable. Destacando por su sencillez nata, su poncho de lana, mirada profunda y transparente, y su alma cristalina, como señaló un dirigente al referirse a él, como era doctor, parecía que a quienes estaban a su lado, o lo escuchaban, inyectaba una medicina llamada esperanza, una medicina destinada a remover, según sus propias palabras "el terremoto emocional" que significó el derrocamiento del gobierno del compañero presidente, y el derrumbe total del modelo de la vía chilena al socialismo.

Eran tiempos difíciles. La oposición no estaba unida. No tenía objetivos tácticos ni estratégicos consensuados. El MDP, llamaba a la desobediencia civil hacia una perspectiva de insurrección popular, validando todas las formas de lucha que desafiaban a la dictadura y su proyecto de perpetuarse. Los sectores más de centro propiciaban las  movilizaciones, buscando más bien  forzar negociaciones o conducir hacia la renuncia del general Pinochet.

Fue perseguido, hostigado, y amenazado de muerte. A fines de 1983, desplegando un operativo militar, tal cual como aquellos de la primera fase de la represión, los militares fueron a buscarlo a su propio hogar. Sin orden alguna, derribaron violentamente las rejas y puertas, apuntaron con ametralladoras en mano a su familia,  registraron todos los rincones. Buscaban armamentos. Nada encontraron. Afortunadamente no estaba allí.

"No son una ficción o una mera sigla". "Es una organización consistente que no solo reúne a los partidos que representa sino también a los movimientos que lo componen como actores públicos, reales y gravitantes en la vida cívica". Así describía al MDP, el Tribunal Constitucional que lo enjuició y lo declaro inconstitucional y al margen de toda ley.

Esta sentencia marcaría la hora de sumergirlo bajo las sombras de la clandestinidad. Un par de años después, en 1987, sale nuevamente a la escena, esta vez para conducir una conferencia de prensa  en la que el partido Socialista de Almeyda, daba a conocer su fusión con el sector que se hacía llamar "Coordinadora de Regionales"; el primer hito del proceso de la unificación socialista que culmina en 1989 y 1990,  prácticamente en el umbral de la transición hacia la democracia, tras el triunfo del No en el Plebiscito de 1988.

“Almeyda, amigo,  el pueblo está contigo.”

1987 fue el año en que la oposición visualiza y prepara la alternativa de la derrota política de la dictadura militar dentro de su propio traje institucional: la convocatoria al Plebiscito de 1988. El partido Socialista decide enviar al doctor Manuel Almeyda a Alemania y  traer a Chile a Clodomiro Almeyda, quién retorna sorpresivamente, rompiendo de esta manera su exilio forzado.

Apelando a su derecho a vivir en la propia patria, Clodomiro Almeyda, se presentó ante los tribunales de Justicia. Fue detenido y por orden de las autoridades militares relegado a Chile Chico, un pueblo de la Patagonia chilena.

"Almeyda, amigo, el pueblo está contigo" era una de las consignas que se escuchaban en las calles, mítines y manifestaciones. Pedían por su libertad. Lo mismo sucedió en 1981 cuando el doctor Manuel Almeyda, estuvo cerca de un mes prisionero en una cárcel secreta, totalizando luego 56 días en la cárcel pública de Santiago y de Valparaíso. Lo acusaron de infringir la Ley de Seguridad del Estado, pero finalmente quedó libre de todo cargo.

Don Cloro, preso nuevamente, lo acusaron de sustentar y promover doctrinas totalitarias, y de ser un “Apologista de la violencia y del terrorismo”. Al igual que el MDP, su causa fue vista por el Tribunal Constitucional; el primer caso en que se sometía a un chileno a un juicio para privarlo de sus derechos políticos y cívicos, y como él mismo comentara, "segregarlo como ente pensante", además de "condenarlo a una muerte civil y política".

La acusación formulada lo calificaba de ideólogo marxista que pretendía "subordinar todo, absolutamente todo" por la finalidad de restablecer la democracia. "La razón no se encarcela", "Chile hará justicia", decían las consignas callejeras.

Por entonces, la prensa informó había atravesado la cordillera, a lomo de mula, para presentarse  y comparecer ante los Tribunales  de Justicia, pero lo cierto es que ingresó como si fuera un ciudadano español, acompañado por una pareja española. La versión del paso por la cordillera no solo se dio públicamente, sino que también se documentó ante los tribunales, para lo cual, compañeros del partido, fueron a Argentina, viajaron hasta la frontera de la Región de Coquimbo, contrataron unas mulas y pasaron a Chile, donde después tomaron sus respectivos pasajes en un bus rural, llegando a La Serena y de ahí a Santiago.

Paradójicamente, este hito constituye una representación del recambio de actores que tiene lugar en la arena política, el fin de las barricadas y liderazgos de la calle; de los sustitutos de las jerarquías.

1988 -1989. El exilio ha terminado, los líderes históricos de los partidos retoman la vanguardia dando inicio a la Concertación de Partidos Políticos por la Democracia.

¿Arboles sin sombra?

Los hermanos Almeyda, y el Movimiento Democrático Popular, MDP, fueron los grandes ausentes del triunfo del Plebiscito del NO. En octubre de 1988, Clodomiro Almeyda, cumplía una pena de relegación que finaliza eximido de todos los cargos imputados un par de meses después, el doctor Manuel Almeyda, estaba en Berlín,  y el movimiento MDP, había sido disuelto por las dirigencias partidarias, reemplazándolo por la alianza denominada "Izquierda Unida", que se ampliaba a la participación de los partidos Izquierda Cristiana, partido Radical Socialista Democrático y el Partido Socialista Histórico.

Muchos recuerdan que el doctor llamaba todos los días por teléfono desde Alemania a las oficinas de la secretaría del partido. No podía regresar como un ciudadano común porque aún tenía juicios pendientes.

Finalizado el proceso de la unificación del partido Socialista, en noviembre de 1990, el Congreso de la Unidad Socialista "Salvador Allende", reconoció el compromiso y entrega de ambos dirigentes en lo que fue la batalla contra la dictadura y recuperación de la democracia.

En este cónclave partidario, el doctor Almeyda, logró la más alta mayoría de votos, resultando uno de los más aplaudidos al asumir la Secretaría General. Por su parte, don Cloro, que había asumido la presidencia del partido unificado, una vez delineada la salida de Pinochet, en los últimos dos años, fue un importante articulador del proceso de unificación tanto de la oposición que daba paso a la Concertación de Partidos Políticos por la Democracia, así como la del Partido Socialista después de casi dos décadas fragmentado en varias divisiones.

En este mismo período otro aporte significativo fue su propuesta de crear el partido PAIS, (Partido Amplio de Izquierda Socialista); una suerte de entrenamiento de la entrada a la democracia del PS-Almeyda y el partido Comunista, en el marco de las primeras elecciones parlamentarias de 1989.

En 1997, a la muerte de Don Cloro, un año después, el Congreso Extraordinario de 1998, llevó por título su nombre, al igual que la Biblioteca que funciona al interior de la sede central en Santiago, y  la fundación destinada a recoger su pensamiento y legado, además de custodiar sus archivos y su biblioteca personal.

El doctor Manuel Almeyda, murió el 15 de enero de 2014. Tenía 89 años.  Su última lucha la dejó estampada en una carta dirigida al presidente del Colegio Médico de Chile. Proponía la apertura de un debate y la conformación de una comisión de hombres justos que se aboque a levantar una moción legislativa por el derecho a morir con dignidad de aquellos que están en una fase terminal y así lo deseen. Esta comisión fue constituida como tal.

También en 2014, la Conferencia Nacional de Salud, se tituló con el nombre de Manuel Almeyda, rindiéndole así un homenaje. Asimismo,  la Escuela de Formación Política que organiza la juventud Socialista de la Región del Biobío, y un núcleo de base que funciona en Puerto Montt.

Clodomiro Almeyda, que a lo largo de su trayectoria política desarrolló innumerables obras y ensayos de teorías marxistas, documentos de reflexiones políticas y envíos de cartas a la militancia y a las cúpulas del aparato partidario, el 22 de mayo de 1996, un año antes de morir, dirigió una carta a Camilo Escalona, y Gonzalo Martner, entonces presidente del PS y Secretario de Asuntos Ideológicos, respectivamente.  Tal vez a modo de presagio de la crisis que afecta al mundo político y sus representaciones, expresa su  inquietud y preocupación por lo que reconoce la presencia de intentos de imponer desde arriba un determinado modelo de sociedad y una lucha para capturar el poder por cualquier medio. Finaliza el documento, destacando lo que considera tareas esenciales, entre otras, la apertura hacia la sociedad civil, un nuevo tipo de relación con las masas, que no las manipule sino tienda a servirlas y orientarlas, agregando la necesidad de impulsar una profunda democratización de la vida interna del partido, a partir de formas orgánicas y prácticas que posibiliten una mayor participación de las bases en las decisiones.

Dos hombres consecuentes e intachables, de gran mística, acciones y no solo discursos; dos hermanos ponderados y serenos que dedicaron sus vidas al desarrollo y consecución de sus ideales por los que creían y soñaban; los ideales del socialismo, su sentido y valor. Dos dirigentes que a la hora del triunfo no se pusieron a las filas para cobrar sus servicios prestados, dos hombres que lucharon hasta el fin de sus días por conducir al país hacia una sociedad socialista; "una razón para vivir y morir", como dijera Clodomiro Almeyda, a quién en sus últimos años de vida, compañeros muy cercanos, le escucharon decir, más de alguna vez, que se había convertido en "un árbol que no da sombra". Esta historia no ha muerto.

Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros. Historias humanas de humanos demasiados humanos.

Fotografías. Archivo Armindo Cardoso y Diario Fortín Mapocho - Archivo Nacional - Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos; Biblioteca Clodomiro Almeyda Partido Socialista, Colección Panfletos Gritografias 1978 -1988.

Santiago -Chile - julio de 2015.

________________________

Temas relacionados (por etiqueta)

ir arriba