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Cruce en las Cruces, el pueblo que eligió el poeta Nicanor Parra para dormir en una cruz.

A sólo 100 km de Santiago, Chile,  dos mil personas viven de espalda a los mercados y el consumo. En el pueblo no hay bancos, ni grandes tiendas, cines, ni oficinas ministeriales... a cambio de todo ello, miran al sol caer en el pacífico y cuentan los días y meses, según las bandadas de pájaros que llegan desde el norte. Dicen que no mueren y los que mueren se van sanos. Viven entre cruces, poesías, santuarios de naturaleza y reservas marinas.

Son pescadores,  mariscadoras, monjas,  ex trabajadores agrícolas; estos últimos una gran familia, propietaria de los terrenos cedidos por sus patrones  en la época de las haciendas, hoy  casi todos loteados y vendidos. Sus pensiones no llegan ni al salario mínimo, pero son dueños de vacas y caballos que transitan libres por solitarias calles mordiendo flores de jardines  y hojas de pinos cipreses, entre golondrinas, picaflores, tordos, cielos estrellados, gallos y grillos, cantando día y noche.

Aquí también residen  arquitectos, artistas, artesanos y jubilados, todos huyendo de la capital, buscando  desintoxicarse, silencio, contacto con la naturaleza; ejercer el derecho a respirar.

Cohabitan,  entre casas y cabañas, vacías y cerradas, casonas y castillos casi abandonados, testimonios de vidas palaciegas de la elite del siglo XIX, quiénes diseñaron este balneario, asimilándolo a los que conocieron en Francia e Inglaterra, aspirando sentirse aún en Europa; así lo pensaron y entonces creían.

Su proyecto quedó a medias. Se fueron cuando este lugar perdió su exclusividad, conservándose los antiguos barrios "El Vaticano" y "El Quirinal", sus casas señoriales, muchas de ellas con grutas y capillas, las calles circulares, palmeras, una estatua de la virgen Stelamaris y dos iglesias de piedra. A este potencial de puesta en valor como "zona típica patrimonial", se suman los rezos del rosario, todas las tardes, y las cuatro misas de los domingos veraniegos.

En Las Cruces, no hay una plaza principal, pero sí playas, acantilados, roqueríos,  una laguna santuario, una reserva marina, un parque ecopoético reserva de flora y fauna autóctona con ecopoemas escritos en troncos y cortezas.

En el sector, "Punta del Lacho", hay muchos miradores  que permiten observar ocasos que dejan entrever hasta la propia curvatura del planeta y el rayo verde que se muestra a los verdaderos enamorados.

Desde aquí se aprecian playas vecinas y unas viejas cruces erigidas entre las rocas en recuerdo de un naufragio. De esta historia surge el nombre "Las Cruces."

"Es como un imán que viene del mar y que no se puede dejar de enmudecer". "El mar sereno, el mar que baña de cristal la patria". Así lo siente y describe el poeta Nicanor Parra, quién eligió residir en este pueblo hace unos 25 años, diciendo en sus poemas que duerme en una cruz y que tal vez bajo ella hay una iglesia.

Entorno de Nicanor Parra

La casa de Nicanor Parra se llama "Torre de Márfil", aunque es blanca  y negra con tejuelas oscuras en el techo. Está en la calle Lincoln; una larga calle que atraviesa el pueblo como una cicatriz formando una cruz media curva, agregando a su cabecera  una escalera de piedra. A un costado, casi al llegar a sus pies, hay una casa de la cultura llamada Nicanor Parra y la calle Violeta Parra.

La casa mira hacia el mar, frente a frente a Cartagena y a la tumba de Vicente Huidobro y por su puerta de acceso, un rayado que dice "Antipoesía", escrito por el mismo poeta, mira a Neruda, su casa museo y tierra de reposo en Isla Negra, balneario vecino.

Por la bajada hacia la playa, la casa no deja ver su actividad hogareña, escondiéndose entre  árboles que él poeta  ha dicho no podará ni cortará nunca más.

Subiendo desde la playa y la caleta de Los Caracoles, la vida rural cotidiana y en verano de visitantes playeros, se reúne y sale a su paso… el supermercado,  la posta, dos locales de internet, otro de verduras y un buen par de pares de botillerías para los sobrevivientes que intentan recomponer sus almas desgarradas.

La parroquia principal tiene un antiguo campanario y para llegar a ella es necesario atravesar  un pequeño puente paralelo a la orilla del mar, subir una escalera que lleva al cielo, trepar una colina o bien adentrarse hacia un sinuoso sendero de arena dorada, cruzando colinas y barrancos llenos de vegetación rústica.

No hace mucho se instaló un resort, la única edificación urbana y moderna. Ubicado frente a la playa grande  está cercado y para entrar hay que ser socio y/o invitado, mostrar el carnet y firmar un libro  grande de registros.

Nadie envejece ni muere

En el pueblo antiguo todos se miran, sonríen y saludan. Dicen que aquí nadie envejece ni muere y los que mueren se van sanos para que no los olviden. Quizás por ello, tampoco hay cementerios.

Cruces en la poesía de Nicanor Parra - "Voy y vuelvo"

"Los saluda con lágrimas de sangre
El poeta que duerme en una cruz".

“Tal vez bajo esta cruz hay una iglesia”.

“Más temprano que tarde caeré de rodillas a los pies de la cruz”.

“Tarde o temprano llegaré sollozando a los brazos abiertos de la cruz”.

Myriam Carmen Pinto. Las Cruces, Chile.

Fotografias blanco y negro Miguel Navarro Cofré; fotografias color José Aravena Varela, Mirenchu Pinto y Alejandra Solis Farias. Gritografias en red, diciembre 2011.

 


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